Internet, memoria e inteligencia

 

 

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Picasso pintaba desde su memoria, así mismo, un deportista  juega desde su memoria, y un joven se enamora desde la memoria, al igual que todos. Sin la memoria, ni siquiera reconoceríamos a la persona amada, el tono de un tinte o los pasos para la práctica de un deporte en particular.

La invención la escritura da como resultado la posibilidad de las personas no tengan la necesidad de cultivar la memoria como antes de su invención, ya que el hecho de poder remitirse a una nota escrita libera a la mente de la necesidad de recordarlo todo.

Sin embargo, con la aparición de las TIC, la internet, las computadoras y el Smartphone, la memoria y sus habilidades, pueden correr riesgos de paulatina disolución de sus potencialidades que ayudaron por miles de años a construirnos como seres pensantes.

La escritura y la memoria: tensiones históricas

Conviene recordar que entonces surgieron voces alarmadas advirtiendo que “guardar la información en libros disminuiría la inteligencia humana“. Uno de esos recelosos del libro fue Sócrates, que pensaba que nadie se esforzaría en aprender nada si podía leerlo.

La memoria para Erasmo y para Seneca era tanto un crisol como un contenedor, donde se recogían todas las informaciones y posteriormente al mezclarse todas se producía un resultado mucho más completo y complejo.

Séneca, por ejemplo, contó la historia de un patricio romano que, sin duda para evitar la lectura, hizo que cada uno de sus esclavos aprendiera un libro de memoria. Ellos podrían darle la información necesaria, en cada caso. La situación se repite, porque hoy día mucha gente piensa ¿para qué voy a aprender algo si puedo encontrarlo en Google? Estoy seguro de que encontraremos un modo de desactivar tan peligrosa idea.

A lo largo de la historia se utilizan cuadernos para apuntes, que adquirieron gran valor para tomar las lecciones por los estudiantes. Se cuenta que Orígenes, un pensador Cristiano del Siglo II , estaba rodeada de escribas  que en turnos sucesivos, registraban por escrito sus pensamientos, los que luego se reorganizaban en libros para su distribución a las comunidades cristianas del mundo conocido en aquel tiempo.

La memorización de informaciones fue un medio importante para la comunicación de informaciones en comunidades donde no habían muchos alfabetizados ni accesos a medios impresos.  Sin embargo, a mediados del S.XX comienza a denostarse la memorización por los nuevos educadores, lo que había sido durante siglos un estímulo para la imaginación, se concibió como un obstáculo para la creatividad, y luego como un desperdicio de energía mental.

Con el desarrollo de los modernos medios de grabación en los distintos tipos de soporte, cada vez se concibió la memorización como algo menos preciso. La red pronto comenzó a verse como un sustituto más que un suplemento; y la memoria, pasó a ser menos creíble y valorada.

La memoria, su estructura y dinámica 

Estudios realizados durante los  S. XIX y XX demuestran que existe una memoria a largo y otra a corto plazo. Que el cerebro necesita, para fijar la memoria a largo plazo, una fase de consolidación, que no precisa la memoria a corto plazo, de tal modo que cuantas más veces se repite una experiencia, más durará su recuerdo. Estas dinámicas dan al cerebro una cualidad dinámica en los procesos cognitivos.

La memoria a largo plazo se contrae o expande de una manera ilimitada, mientras que la memoria de trabajo, o memoria a corto plazo está limitada. El mero hecho de recordar refuerza la capacidad de adquirir nuevos aprendizajes según defienden algunos científicos.

En este contexto, se puede afirmar que la memoria biológica se encuentra en perpetuo estado de renovación, adaptación, mejora, etc, de sus cualidades.

Actualmente, gracias a las TIC, la memoria a largo plazo puede estar dividida. Una parte puede residir en el cerebro y otra parte en el ordenador. Si acertamos al hacerlo, la inteligencia puede aumentar su capacidad de una manera extraordinaria, pero hay que saber hacerlo. La tarea del aprendizaje es construir la propia memoria y, por lo tanto, también esa memoria compartida, depositada en el ordenador, que no es Google, sino la selección y organización de datos elaborada por cada uno.

La web proporciona un suplemento conveniente para la memoria personal, pero cuando se empieza a usar Internet como sustituto de la memoria, sin pasar por el proceso de consolidación, se corre el riesgo de vaciar nuestra mente de sus riquezas; puesto que la memoria de un ordenador es estática.

Cuanto más se utiliza la web más se entrena al cerebro para distraerse, para procesar información rápidamente y de manera muy eficiente, pero sin atención sostenida.

El cerebro se ha convertido en experto en el olvido, inepto para el recuerdo. Cada vez se tiene mayor dependencia de la memoria artificial, lo que vuelve a las personas más superficiales como pensadores.

Aprender a pensar significa ejercer el control sobre cómo y qué pensar, elegir a qué prestar atención, cómo construir significado a través de la experiencia.

El uso continuado de Internet genera hábitos y funciones multitarea; desarrolla en el cerebro la proliferación y consolidación de los circuitos neuronales dedicados a explorar, filtrar y realizar múltiples tareas, mientras que los que se utilizan para leer y pensar profundamente con una concentración continuada se van debilitando.

Internet, información e inteligencia

En todos los sistemas educativos, ámbitos laborales y sociales se reclama la necesidad de formar a estudiantes, trabajadores y ciudadanía en general para el uso de las TIC.

Es difícil encontrar personas que no concuerden con esta necesidad, puesto que el mundo de hoy día, en el que vivimos, así como en el que van a vivir las nuevas generaciones ya está significativamente marcado por las TIC. Sin embargo eso no significa enseñarles los trucos tecnológicos –esos los conocen muy bien–, sino enseñarles a usar inteligentemente la tecnología.

“Un necio y mediocre conectado a internet sigue siendo un necio y mediocre”, y lo que se necesita es que delante de la pantalla haya personas inteligentes y lo más instruidas posible, para que no caigan en la tentación de pensar que conectarse a una máquina inteligentísima los hace automáticamente inteligentes.

En internet se puede encontrar una enorme cantidad de información, dependiendo tanto del buscador, los filtros, las aplicaciones o herramientas que se utilizan para ello. La veracidad, verificabilidad y utilidad de la información requiere de criterios y herramientas apropiadas para buscar, identificar, valorar, seleccionar y utilizar.

La idea “básica” de que toda información está en internet, que solo hay que googlear, en cualquier momento y lugar; sin hacer siquiera el mínimo esfuerzo para revisar lo que “uno sabe” al respecto, es una práctica que tiende a la devaluación el propio conocimiento; pues el saber asequible, omnipresente y “fiable” de la internet, posiblemente sea “superior” al saber propio; se sobrevalora la internet como fuente de información más allá de la propia experiencia, conocimientos adquiridos, y el sentido común.

Jemes Flynn; Jefe del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda), comenzó a estudiar los registros históricos de las pruebas de coeficiente intelectual, y descubrió que en el transcurso de diez años, estos coeficiente iban subiendo.

Después de un estudio más pormenorizado llegó a comprobar que donde mejoraron los resultados era en las pruebas de “rotación mental de formas geométricas, identificación de similitudes entre objetos dispares y ordenamiento de polígonos en secuencias lógicas. Las pruebas de memorización, vocabulario, cultura general e incluso la aritmética básica han mostrado poca o nula mejoría.”

Junto con otras pruebas realizadas a estudiantes de EEUU, llegó a la conclusión de que la inteligencia no había aumentado en general, como sospechaba al principio, sino que había variado sus capacidades, con relación a generaciones anteriores, y supone esta variación debida a modificaciones en los estilos de vida, en los que las nuevas generaciones tienen un mayor acceso a la formación así como a informaciones a través y acerca de los recursos tecnológicos.

Cabe destacar que en la mayoría de las sociedades y sistemas educativos, en los últimos 25 años del siglo XX y las primeras décadas del XXI, el razonamiento abstracto se convirtió en la corriente dominante, y todo el mundo empezó a usar  “los mismos lentes científicos” para mirar y valorar el conocimiento.

En conclusión, lo que llamamos hoy día “inteligencia” es diferente a la de los antepasados, ha evolucionado, puesto que los medios y necesidades de cada época son diferentes, y como seres adaptativos que somos, evolucionamos en consonancia con los tiempos.

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