Sociedad del Conocimiento y las TIC

17El conocimiento, la sociedad y las tecnologías.

Fuente; Adaptado de Artículo – Mc Carthy (1991)
Es un idea generalizada que hemos entrado en un nuevo tiempo denominado “era de la información”, “sociedad de las nuevas tecnologías”, etc. Al contraponer sociedades o culturales se habla del paso de las sociedad industrial a la sociedad de la información. De hecho, el cambio que han originado la informática o las nuevas tecnologías se evidencia en el funcionamiento de todos los organismos y de todas las sociedades.
Somos conscientes, por experiencia inclusive, de la repercusión de las nuevas tecnologías que definen la sociedad de la información; desde la simple utilización de la computadora como sustituto de la máquina de escribir, hasta la navegación por Internet, pasando por los CD, DVD, Blue Ray, pendrives, datos en las nubes, televisión digital, etc. Todo ello nos permite intuir las posibilidades actuales de la información disponible y de la forma didáctica atractiva con la que se presentan.
La sociedad industrial supuso ya un cambio global y radical en la estructuración social y en el rendimiento eficaz del trabajo. Se creó una nueva cultura y una original  concepción de la vida, pues la máquina superaba con creces la mano humana y ahorraba una gran energía física. El conocimiento e información se veían incrementados con la imprenta, la prensa, etc.
En la nueva sociedad del conocimiento el cambio es todavía mayor en su globalidad, rapidez y formas de vida. Cabe la necesidad de revisar algunos presupuestos que fundamenten la necesidad de reflexión acerca de las TIC como herramientas para investigar, aprender y enseñar en el aula universitaria.

1.- Cuatro características de la sociedad del conocimiento:

 

Cuatro fundamentos son las que debería tomarse en cuenta, con seriedad, en cuanto a la necesidad de la inclusión de las TIC para los procesos formales de aprendizaje y enseñanza… no nos referimos al hecho de usar para realizar “Power Point” o para la búsqueda y proyección de algún que otro video de “YouTube”, sino para actividades que involucren procesos de pensamiento mucho más complejos y globalizadores.

I.- Eclosión de  información: La cantidad de información disponible con las nuevas tecnologías y a la cual se puede tener acceso por medio de computadora es incalculable, tanto en relación con el pasado como la que se produce en la actualidad.
II.- Cambio del espacio conceptual: La rapidez de la informática lleva a un cambio del concepto de espacio y tiempo. A través de la nuevas tecnologías se está conectado con todo el mundo, lo cual implica un cambio en las reacciones y en el dinamismo personal, que modifica la potencialidad de aprendizaje. 
III.- Unificación planetaria: Se tiende a la unificación planetaria debido a las redes de comunicación informática. todo ello comporta una mayor intercomunicación cultural, económica y social, con sus ventajas y desventajas.
IV.- Influencia y transformación cultural: El dominio de los medios de comunicación potenciará una transmisión interesada de la cultura, y una mentalización hacia nuevos valores,. de la manera que la posibilidad de manipulación será muy fuerte. Este hecho se reflejará en las manifestaciones culturales, en la comercialización y financiación de proyectos, productos , espectáculos, arte, estilos de vida, etc.

2.- La educación: qué se enseña y cómo se enseña

 Fuente: Adaptado del Artículo de Javier Martínez Aldanondo
Lo positivo de opinar sobre la situación de la educación, en este tramo del Siglo XXI, es que, como en el caso del fútbol, el colegio o los embarazos, somos muchos los que hemos vivido experiencias propias de educación (escolar básica, media y universitaria) y, además, de una duración considerable (al menos 15 a 20 años de nuestra vida ligados de forma diaria a estudiar en una institución).
Cada nivel educativo tiene sus propios fines: La educación inicial genera los cimientos cognitivos primordiales para el aprendizaje a lo largo de la vida. La educación básica para la adquisición de la habilidades relacionadas a la lectoescritura, las matemática y las ciencias naturales, entre otros saberes. Así mismo, la educación media, constituiría el nivel que brinda conocimientos generales pertinentes para la vida.
Parece obvio pensar que el papel destinado a las universidades es preparar a sus estudiantes para desempeñar una carrera profesional. De hecho, casi todos los títulos universitarios se corresponden con perfiles profesionales. ¿Alguien iría a la universidad si no le diesen un título con el que poder acceder al mercado laboral? Posiblemente no. Por ahora parece lógico.
Sin embargo, esto no es lo que sucede en realidad. Basta comparar lo que un estudiante sabe cuando acaba la carrera y lo que una empresa necesita para reconocer que tienen que pasar muchos meses y bastantes horas de aprendizaje, a cargo de la empresa, para adaptar al novato y enseñarle todo aquello que debería saber y no sabe para desempeñar su trabajo.

Esto lleva a 2 conclusiones relativamente lógicas:

  • Lo que se enseña en la universidad no tiene demasiada relación con lo que luego el estudiante hará en su larga vida profesional.

  • La manera en que se enseña en la universidad no es la mas adecuada ni tiene mucho que ver con la manera en que aprende el ser humano.

A este respecto varias preguntas emergen para afinar el contexto de este apartado:

  • ¿La enseñanza y el aprendizaje de los otros niveles educativos, previos a los cursos de grado… tienen relación con lo que está ocurriendo en la “vida real”?
  • ¿El modelo pedagógico y la didáctica de las escuelas y colegios acompañan las necesidades de conocimiento del niño, niña, joven para su vida actual y futura?
  • ¿Los cursos de posgrados: especializaciones, maestrías y doctorados, se desarrollan a partir de concepciones y prácticas didáctico-pedagógicas acordes a la era de la información y el conocimiento?

2.1.- Lo que se enseña.

Según lo que las propias empresas solicitan, este sería el retrato robot del perfil del universitario recién licenciado que necesitan (no es exhaustivo ni mucho menos):
  • Capacidad de escribir y redactar correctamente y de forma estructurada.
  • Hablar en publico y hacer presentaciones verbales y escritas.
  • Capacidad de análisis.
  • Razonamiento y resolución de problemas.
  • Negociación.
  • Trabajo en Equipo.
  • Espíritu Emprendedor.
  • Creatividad e Innovación.
  • Comunicación.
  • Inteligencia emocional.
  • Capacidad para aprender, desaprender y reaprender.
Por desgracia, esto no es… casi siempre… lo que se aprende en la universidad o en los otros niveles del sistema educativo no preparan para trabajar en las empresas de hoy día. Ello se debe, entre otros factores, al hecho de que las carreras cuentan con docentes que imparten clases como una actividad complementaria a sus otras actividades laborales.  No son académicos, son profesionales que enseñan. Carecen de los instrumentos didácticos pedagógicos pertinentes para un aprendizaje eficiente. En ocasiones, sin embargo, se encuentran la combinación adecuada entre un excelente profesional que al mismo tiempo es un excelente docente universitario.
Por otro lado el objetivo de los estudiantes, sean universitarios o de otros niveles, consiste unicamente en aprobar una serie de exámenes, dando la respuesta correcta a lo que se le pregunta,  ya sea para aprobar el año u obtener un título.
La vida real no suele ser tan simple, no existen respuestas correctas. Todas aquellas habilidades por las que realmente va a ser valorado para acceder a un trabajo prácticamente no aparecen por ningún plan curricular de la universidad.
Es posible que el estudiante haya acumulado muchos conocimientos, datos, conceptos, teorías, información, en cambio el problema es que en su trabajo ya no le van a hacer más exámenes teóricos sino que a fin de mes le medirán por sus resultados. En definitiva no importará lo que sabe sino lo que SABE HACER (su experiencia) y las malas noticias son que cuando se sale de la universidad se SABE HACER muy poco.
Es por ello que para satisfacer las necesidades específicas de conocimientos y habilidades de los talentos humanos, las empresas, desde hace 50 años están creando sus propias Universidades Corporativas.
Llama la atención el porque no fue ni es objeto de polémica el enorme divorcio existente entre el mundo académico-universitario y el mundo profesional. Pareciera que en general se está encantado comprobando como muy pocas personas que van a la universidad acaban trabajando en lo que estudiaron y además quejándonos de la falta de vocación de los jóvenes.

2.2. Cómo se enseña, es importante.

Tenemos que reconocer que la educación escolarizada, inclusive la universitaria ha evolucionado muy poco a lo largo del tiempo. La tónica habitual sigue siendo pizarra y borrador y esto significa que el profesor hace el 95% de trabajo. Habla, lee, explica, escribe, dicta, pregunta, etc.

Lo curioso es que quien debería hacer el 95% del trabajo debería ser el estudiante que es quien debe aprender.  ¿Alguien se imagina a un padre enseñando a montar en bici a su hijo y empleando el 95% del tiempo pedaleando sentado sobre la bici mientras su hijo le escucha?

¿O aprender a cocinar viendo Utilísima? Si fuera así de sencillo, ni habría fracaso escolar ni la formación sería negocio. Además, no siempre el que enseña es el profesor ni el que aprende es el estudiante.

El modelo de enseñanza-aprendizaje de las organizaciones educativas consiste en esta fórmula:

  • “YO se, TU no sabes”,
  • “YO te cuento y dentro de un tiempo te pregunto, (examen).
  • “Si recuerdas lo que TE conté, TE aprobaré”.

Llegados a este punto cabe realizar hacer una afirmación apabullante: Poquísimos profesionales serían capaces de aprobar a día de hoy ni uno solo de los exámenes que hicieron durante la carrera. ¿Porque? Aristóteles lo dijo ya hace mucho tiempo:

Lo que tenemos que aprender, lo aprendemos haciendo.

Lo que se memoriza se olvida y sobre todo, si lo que se aprende no proviene de la experiencia propia, no se aprende y se olvida.

Lo malo no es que hayamos olvidado lo que estudiamos en la facultad, lo malo es que ni siquiera lo aprendimos. El cerebro tiene una enorme facilidad para eliminar lo inútil, todo aquello que no volvemos a utilizar en nuestra vida. Y para aprender, el protagonista debe ser el alumno que tiene que hacer cosas y no escuchar pasivamente como se las cuenta otra persona.

Nadie aprende a negociar si no es negociando y practicando 1.000 veces hasta perfeccionar la habilidad que acaba siendo automática e inconsciente. Y para ello tiene que experimentar, cometer errores, reflexionar, buscar explicaciones, recibir el consejo de quien sabe (profesor), intentarlo de nuevo, es decir verbos de actividad.
La memoria y el aprendizaje van íntimamente ligados a las emociones. Y no parece muy emocionante ni impactante saber que durante 5 años tu papel es el de sentarse en un aula a escuchar y tomar apuntes.

2.3.¿Que tiene todo esto que ver con las tecnologías?

Mucho tiene que ver con la el aprendizaje, la enseñanza y la investigación en todos los niveles educativos, especialmente en la universidad. El papel de la educación y por tanto de la universidad se ha ligado ya de manera irreversible a las tecnologías. Y no sólo por su aspecto de negocio (en Paraguay, el sector de la educación es un negocio exitoso ).

Las computadoras forman parte, guste o no guste, de la vida hoy día. Y eso significa que ha tenido un impacto enorme en la forma en que se trabaja y obviamente va a tener un impacto enorme en la forma en que se aprende.
La tecnología va a permitir recuperar el antiguo modelo 1 a 1 del maestro/aprendiz, entre profesor y estudiante (hoy en día la proporción en las aulas es de Un profesor a Demasiados estudiantes), e incluso se va poder vivir el modelo Muchos profesores a Un estudiante. Y esto significa que el papel de los profesores va a cambiar sustancialmente. Y para bien se podría decir.

En lugar de tener que repetir año tras año la misma cantinela a grupos de estudiantes a los que solo les interesa aprobar el examen, pasarán a convertirse en tutores y acompañantes del aprendiz en su proceso de aprendizaje.

Se pasara a un modelo “TU practica y cuando te equivoques NOSOTROS te ayudaremos”. Y esto significa que también el papel de los estudiantes cambiará radicalmente.

Pero claro, para poder llevar esto adelante hace falta tener en cuenta que si se sigue aplicando el mismo modelo de enseñanza, posiblemente se va a empeorar las cosas. Centrarse en que las tecnologías van a ahorrar costes de desplazamiento y de distribución de contenidos llevará irremediablemente a sacrificar la calidad. Digitalizar, méramente, los contenidos actuales no es la solución.Si habitualmente cuesta leer grandes parrafadas de texto en papel, menos todavía lo haremos en la pantalla de una computadora. No pocas personas consideran que las computadoras y las TIC en general son aparatos para hacer cosas y no para pasar páginas ni para escuchar pasivamente. Para eso ya está la televisión.

Pulsar iconos no es sinónimo de Interactivo. Ni multimedia (animaciones preciosas, sonidos, imágenes, videos espectaculares) es sinónimo de aprendizaje. ¿Porque no construir simulaciones donde los estudiantes puedan conocer en que consiste trabajar para una consultora o en un departamento de exportación de una empresa o en la redacción de un periódico?
Podrían practicar en un entorno donde cometer errores está libre de riesgos, con un enorme abanico de recursos a su alrededor, siendo los verdaderos protagonistas de su propio aprendizaje y además estarían añadiendo experiencia de cara a su acceso al mundo laboral.
¿Como podemos pedir vocación si no tienen idea de en que consisten las empresas?
¿Como podemos esperar que generaciones que crecen con los videojuegos, el teléfono móvil e Internet sientan atracción por los monólogos aburridos de un profesor?
¿Que tiene de divertido, de motivante, de retador?

Es aquí donde la tecnología puede jugar un importante papel y ayudar a resolver este problema hasta ahora de difícil solución: Que los estudiantes puedan vivir las situaciones a las que se van a enfrentar posteriormente a lo largo de su vida. Todo esto significa que Internet es un nuevo medio y por tanto requiere un lenguaje nuevo. Si se sigue utilizando la vieja mentalidad se seguirá haciendo e-reading (lectura electrónica) en lugar de e-learning (aprendizaje electrónico).

Claro que en defensa de todos se puede esgrimir que la sociedad se encuentra en las fases mas primarias de lo que va a ser la revolución pendiente en el mundo educativo. Y que por un lado, se cometen los errores producto de la inexperiencia, y que por otro modificar las estructuras rígidas y monolíticas de la educación es una ímproba tarea que solo un cambio tecnológico como el que se va a vivir puede provocar.

3.- La nueva cultura del aprendizaje

Fuente: POZO IGNACIO y Otros; Nuevas formas de pensar la enseñanza y el aprendizaje. (2006) Grao, Barcelona, España. (pp 47-50)

Si la imprenta hizo posibles nuevas formas de leer, las tecnologías de la información están generando nuevas formas de distribuir socialmente el conocimiento, que sólo se está empezando a atisbar, pero que sin duda hacen necesarias nuevas formas de alfabetización (literaria, pero también gráfica, informática, científica, etc.).

Están generando una nueva cultura del aprendizaje, a la que la educación escolarizada/universitaria no puede – o al menos no debe – dar la espalda. La informatización del conocimiento tiene consecuencias en apariencia contradictorias.
Por un lado, ha hecho mucho más accesibles todos los saberes. Pero, al mismo tiempo, al hacer más horizontales y menos selectivos tanto la producción como el acceso al conocimiento – hoy cualquier persona alfabetizada informáticamente puede hacer su propia web y divulgar sus ideas o acceder a las de otros; ya no es necesaria una imprenta y un editor para publicar tus ideas -, desvelar ese conocimiento, dialogar con él, y no sólo dejarse invadir o inundar en ese flujo informativo exige mayores capacidades o competencias cognitivas por los lectores de esas nuevas fuentes de información, cuyo principal vehículo sigue siendo, con todo, la palabra escrita, aunque ya no sea impresa.
No es sólo – ¡aviso para navegantes! – que hay que aprender a navegar por Internet para no naufragar definitivamente, sino que la construcción de la propia mirada o lectura crítica de una información tan desorganizada y difusa requiere del lector o navegante unas competencias cognitivas que tal vez no requería la lectura crítica de textos ordenados.
En la medida en que en esas nuevas tecnologías evoluciona y expande, la función del autor se diluye, la del lector o aprendiz se hace más exigente. Esa nueva cultura del aprendizaje del siglo XXI supone, por tanto, un nuevo reto para las creencias más profundas sobre el aprendizaje, herederas de esta tradición cultural que se acaba de analizar al hilo de la historia de la lectura y la escritura, pero también herederas de aquel otro bagaje aún más ancestral que todos los humanos llevan en sí mismos como consecuencia de la condición humana, de la humana/mente que todos comparten.
De forma forzosamente resumida se podría caracterizar esta nueva cultura del aprendizaje por tres rasgos esenciales:
  • se está ante la sociedad de la información,
  • se está ante la sociedad del conocimiento múltiple e incierto
  • y se esta ante una sociedad del aprendizaje continuo.
Conocer los rasgos que definen a estas nuevas formas de aprender es no sólo un requisito para poder adaptarse a ellas, generando nuevos espacios instruccionales que respondan a esas demandas, sino también una exigencia si se quiere desarrollarlas, profundizar en ellas y, en definitiva, si se quiere, a través de ellas, ayudar también a cambiar esa sociedad del conocimiento, de la que, dicen,  guste o no, ya se forma parte.
En la sociedad de la información la educación formal ya no es la fuente (primera), y a veces ni siquiera la principal, de conocimiento para los estudiantes en muchos dominios. Son muy pocas ya las “primicias” informativas que se reservan para el aula.Los estudiantes, como todos, son bombardeados por distintas fuentes, que llegan incluso a producir una saturación informativa; ya ni siquiera han de buscar la información, es ésta la que, en formatos casi siempre más ágiles y atractivos que los escolares, busca a todos.
Como consecuencia, los estudiantes, cuando van a estudiar historia, física o inglés tienen ya conocimientos procedentes del cine, las canciones que oyen o la televisión. Pero se trata de información deslavazada, fragmentaria y, a veces, incluso deformada.
Lo que necesitan los estudiantes no es tanto más información, que pueden sin duda necesitarla, como sobre todo la capacidad de organizarla e interpretarla, de darle sentido.

Los futuros ciudadanos van a necesitar capacidades para buscar, seleccionar e interpretar la información, para navegar sin naufragar en medio de un flujo informático e informativo caótico.

La universidad ya no puede proporcionar toda la información relevante, porque ésta es mucho más móvil y flexible que la propia universidad, lo que sí puede es formar a los estudiantes para poder acceder y dar sentido a la información, proporcionándoles capacidades de aprendizaje que les permitan una asimilación crítica de la información.
Formar a ciudadanos para una sociedad abierta y democrática, para lo que Edgar Morin denomina la democracia cognitiva, y más aún, formarles para abrir y denomina la democracia cognitiva, y más aún, formarles para abrir la sociedad, requiere dotarles de capacidades de aprendizaje, de formas de pensamiento que les permitan usar de forma estratégica la información que reciben, de forma que puedan convertir esa información.
Por otro lado, cabe reconocer que se vive en una sociedad de la información que es accesible sólo para unos pocos, los que han podido acceder a las capacidades que permiten desentrañar, poner orden en esa información, se convierte en verdadera sociedad del conocimiento (Pozo, 2003).
Como consecuencia, en parte de esa multiplicación informativa pero también de cambios culturales más profundos, se vive también una sociedad de conocimiento múltiple e incierto. Apenas quedan ya saberes o puntos de vista absolutos que deban asumirse como verdades absolutas.
Para los futuros ciudadanos, la verdad es algo del pasado más que del presente o del futuro, un concepto que forma parte de nuestra tradición cultural y que, por tanto, está presente en la cultura del aprendizaje, pero que sin duda es necesario repensar en esta nueva cultura del aprendizaje, sin caer necesariamente por ello en un relativismo extremo.
Se vive en la edad de la incertidumbre, en la que más que aprender verdades establecidas e indiscutidas, hay que aprender a convivir con la diversidad de perspectivas, con la relatividad de las teorías, con la existencia de interpretaciones múltiples de toda información, para a partir de ellas construir el propio juicio o punto de vista.
No parece que la literatura, ni el arte, ni menos aún la ciencia asuman hoy una posición realista, según la cual el conocimiento o la representación artística reflejen la realidad, sino que más bien la reinterpretan o la reconstruyen.
La ciencia del siglo XX se caracterizó por la pérdida de la certidumbre, no sólo en ciencias sociales, donde el perspectivismo es un punto de vista cada vez más aceptado, sino incluso en las antes llamadas ciencias exactas, cada vez más teñidas también de incertidumbre.Así las cosas, no se trata ya de que la educación proporcione a los estudiantes conocimientos como si fueran verdades acabadas, sino de que les ayude a construir su propio punto de vista, su verdad particular a partir de tantas verdades parciales. O, como dice, Edgar Morin:
…”conocer y pensar no es llegar a la verdad absolutamente cierta, sino que es dialogar con la incertidumbre”,
…Lo cual sin duda…requiere cambiar nuestras creencias o teorías implícitas sobre el aprendizaje, profundamente arraigadas en una tradición cultural en la que aprender era repetir y asumir las verdades establecidas, sobre las que el estudiante (¡pero tampoco el profesor!) no podía dudar, menos aún dialogar con ellas.
Pero buena parte de los conocimientos que puedan proporcionarse a los estudiantes hoy no sólo han dejado de ser verdades absolutas en sí mismas.
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